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  • Artículo publicado en el diario Sport (17 de noviembre de 2018) Versión en pdf

    POR MUCHO QUE SE CONJUREN LOS NECIOS

    El GP de Valencia no solo pone punto final a la temporada. El domingo se terminan muchas cosas. Pedrosa deja el mundial, Lorenzo disputa su última carrera con Ducati, y Bautista cambiará los GP por las carreras de Superbikes. Pero aunque esté casi todo el pescado vendido, aún anda en juego el honor de ser el último ganador del año y, sobretodo, lo que puedan dar de sí las dos jornadas de test de la pre-temporada, donde la semana próxima ya descubriremos algunas de las claves para ese 2019 que, como primera sorpresa, nos traerá la reinserción de Fenati.

    La de Cheste será también la última carrera que transmita Movistar. Durante estos cinco años de transmisiones de pago, el nivel acreditado por el equipo capitaneado por Ernest Riveras, Izaskun Ruiz y Carles Pérez ha sido altísimo. Su trabajo, alentado sabiamente por Javier Grima hasta que un memo optó por bajarle del barco, y eficazmente apoyado por Dorna, tiene muchísimo mérito. Impecable, que diría aquel. No sólo por la calidad y profesionalidad que han demostrado, sino porque en innumerables ocasiones han tenido al enemigo en casa.

    Desgraciadamente, el proyecto que iniciaron con clarividencia Luis Velo y Sergio Gil en 2014 fue prostituido posteriormente por la mediocridad de quien, tras intentar subir a la red, no supo ser reconocido como periodista pese a contar con una excelsa predisposición genética y se ha tenido que conformar con saciar sus frustraciones con el placebo que le produce ser entrenador de un equipo de baloncesto de barrio. Nunca le gustó el motor, “ese show para pijos”, me dijo hace ya más de treinta años, en el Real Club de Polo. Sí, precisamente allí, y cuando empuñar una raqueta no estaba al alcance de todas las economías. Ya se ha cargado las motos, y no tardará en hacerlo con los coches. Felicidades por esa liberación. La destrucción, y no la creatividad, siempre fue el mejor premio para los aspirantes a diletante.



    Ernest Riveras e Izaskun Ruiz

    Una pena que su inquina personal, no contenta con pudrir la filosofía fundacional del canal de Fórmula 1, nos impida seguir disfrutando del excelente producto que estaba ofreciendo un equipo de profesionales que jamás gozó de su confianza y que tuvieron que remar demasiado a contra corriente.

    Pero, más allá del espíritu justiciero que suele atribuirse a San Martín, estoy convencido de que no tardaremos en volver a vibrar con esas voces que tanto nos han hecho disfrutar con algo que sólo un estúpido no es capaz de valorar como lo que es: un deporte.

    Artículo publicado en el diario Sport (3 de noviembre de 2018) Versión en pdf

    BAUTISTA NO PERDIÓ LA CABEZA

    Alvaro Bautista lo bordó en Australia. Solucionó con nota la papeleta que suponía heredar la moto de Lorenzo por un fin de semana. Su cuarto lugar en Phillip Island no sólo fue el mejor resultado de la temporada, sino que dejó entrever que aún hubiera podido ser más espectacular si no hubiera tratado a Dovizioso con el respeto que sólo un profesional de su dimensión puede dispensar.

    Este fin de semana vuelve a la realidad que le dicta el manillar de una moto satélite… del año pasado. Será duro porque aunque todos sabemos que hay determinados sucedáneos de caviar que cuelan, como el Beluga no hay nada…

    Cuenta el de Talavera de la Reina que no hizo nada distinto a cualquier otro fin de semana, sólo que la moto esta vez corría mucho más. Casi nada. Por que de eso debe tratar este negocio, ¿no?

    Dice el toledano que las diferencias entre los que están arriba en la categoría reina se dirimen por una simple cuestión de matices, pero que estos son fundamentales. Y su teoría se hizo más que evidente cuando se puso segundo, instantes antes de recordar que para el año próximo le aguarda una Ducati “pata negra” en el mundial de Superbikes.



    Alvaro Bautista

    Los responsables de la marca de Borgo Panigale le han encargado que gane el campeonato del 2019 en esa categoría, para lo que han creado una moto nueva: la V4. Como si bajar del pedestal a la Kawasaki de Johnny Rea y a los chicos del KRT liderados por los hermanos Roda fuera tan fácil. Por si en Borgo Panigale no se han enterado, esas motos verdes llevan acumulando títulos de manera compulsiva los últimos cinco años, y la última vez que ganó una Ducati fue en 2011… con Carlos checa como piloto, por cierto. Con lo indecentemente que han tratado a Lorenzo es bueno recordarles que con los pilotos españoles las cosas no les fueron tan mal, por lo que estaría bien que mimaran un poco a “Bati” ya que parecen conjurados en la aventura que les espera.

    El año próximo Ducati se inspirará en la endogamia de Donald Trump para MotoGP. Italia first. A “Desmodovi” le acompañará Danilo Petrucci, que durante siete temporadas en MotoGP, en 114 carreras, ha conseguido la “friolera” de seis podios como mayor gloria. Cierto es que son el doble de los que tiene Bautista en MotoGP… pero no olvidemos que el español fue campeón del mundo de 125 en 2006, y que en la clase reina nunca tuvo un gran material a su alcance.

    ¿Porqué no mandan a Petrux a las Superbikes y dejan a Bautista en MotoGP con la Desmosedici? Cuestión de mercado, pura y simplemente.

    Artículo publicado en el diario Sport (27 de octubre de 2018) Versión en pdf

    DUCATI NO MERECE NINGÚN ESFUERZO MÁS DE LORENZO

    La semana pasada, y en estas mismas páginas, horas antes de que Marc Márquez se proclamara de nuevo campeón del mundo titulábamos “La suerte de disfrutar de “Leo” Márquez”. Al parecer, la idea gustó profundamente, puesto que durante los últimos días no han sido pocos los medios que se han apropiado de la misma en sus contenidos. De nada.

    Es lógico. Los grandes héroes del deporte tienen una capacidad sobrenatural de penetración en el subconsciente colectivo, una habilidad monstruosa para instalarse en nuestras mentes como el troyano que invade un disco duro. Esa es otra de las grandezas del deporte, que suele ponernos a todos de acuerdo en el reconocimiento del talento, incluso aunque este forme parte de las huestes enemigas. Ni los más acérrimos seguidores de Leo Messi osarían jamás dudar de la calidad de Cristiano Ronaldo, y al revés. Otra cosa es la altura del pedestal en el que decidan encumbrar a su ídolo.

    Decíamos que conviene disfrutar de Márquez, como de Messi, o de cualquiera de las otras leyendas del deporte con los que hemos tenido la suerte de coincidir cronológicamente. Que a veces, como sucederá este domingo con la ausencia del argentino en el Clásico o con la baja de Lorenzo en Phillip Island por lesión, vivir eventos sin algunos de estos protagonistas no deja de ser un ejercicio de profilaxis interesante.



    Me habría encantado que el lugar del mallorquín lo hubiera cubierto Casey Stoner

    Me hubiera gustado que Jorge corriera en Australia, porque eso implicaría que su lesión ya ha quedado atrás. Pero, con todo el respeto por Bautista, me habría encantado que el lugar del mallorquín lo hubiera cubierto Casey Stoner. Con la Ducati y en su feudo. La batalla entre CS27 y Márquez prometía grandes sensaciones. Pero hasta para esto los de rojo son así de torpes.

    El de Cervera ha dicho que tiene ganas de medirse contra otro campeón con una moto idéntica. El año próximo tendrá la oportunidad, con la llegada de Lorenzo a las filas del equipo Honda-HRC, una vez que Jorge –lógicamente– haya superado el proceso de adaptación a su nueva moto, tan diferente a la actual.

    En el fondo, celebro que el 99 no corra este fin de semana. Ducati, por la forma como le ha tratado, no merece más esfuerzos. Lo importante ahora es que se recupere para estar en Valencia. La carrera en Cheste es lo de menos; los de Borgo Panigale sólo se han ganado un portazo. Lo importante es el test que hará allí, en el Ricardo Tormo, dos días después de la última cita, ya con la Honda. Ilusión.

    Artículo publicado en el diario Sport (20 de octubre de 2018) Versión en pdf

    LA SUERTE DE DISFRUTAR DE “LEO” MÁRQUEZ

    Igualar los cinco títulos de Doohan, situarse a sólo dos de los de Rossi en la categoría reina, hacerlo en casa de Honda y a la primera oportunidad, en el primer match ball. El objetivo es tan bonito, como claro y conciso. Pero, aunque los números juegan a su favor, aquí no hay nada escrito. Motegi es un circuito de “stop&go”, con unas características que parecen más favorables a la Ducati que a su moto, como ya acreditó Dovizioso el año pasado. Márquez ha demostrado muchas veces que no quiere saber nada con las matemáticas, aunque su sentido de la practicidad es muy alto. Pero proclamarse campeón, en Japón –como ya hiciera en 2014 y 2016–, y con una victoria, es una forma que le da más lustre aún a un título más que merecido, el séptimo de su palmarés. Marc quiere “campeonar” ganando, fiel a su filosofía de todo o nada, del sí o sí. Hay quien asegura, y lo cierto es que indicios los hemos visto, que el de Cervera ha cambiado. Veremos. Esta madrugada tendremos la ocasión de comprobarlo en una carrera que se convertirá en la prueba del algodón para certificar esta teoría.

    Si no sucede nada raro llegará el quinto título en seis temporadas. Un porcentaje de eficacia salvaje. Solo Dovizioso puede alargar la celebración que, si no llega aquí, lo hará el próximo domingo en Australia, para convertir Sepang en un mero trámite hasta esa fiesta en que tenemos la obligación de convertir el GP de Valencia. Cheste debe explotar, y no solo para homenajear a uno de los pilotos más grandes que ha dado el motociclismo, sino también para visibilizar nuestra alegría por poderlo disfrutar. Que tengamos la suerte de vivirlo es un privilegio del que hay que tomar plena consciencia.



    Andrea Dovizioso y el resto del podio de 2017 en Motegui

    Es cierto que cada época tiene sus ídolos, pero en este caso la excelencia supera lo extraordinario. Decía recientemente Gary Lineker que ya va siendo hora de cuestionar si en la historia del fútbol hubo alguna vez alguien mejor que Leo Messi.

    Me veo incapaz de decir si Márquez es “el Leo Messi” de las motos como me dijo mi amigo Carlos Cardús hace ya bastantes años, apenas verle debutar en MotoGP. Pero está claro que estamos ante un “ser superior”. Este sí. Disfrutémoslo día a día, y no caigamos en la trampa de quienes aseguran que su reinado será eterno. Porque llegará un día que su monarquía, como todas, acabará pasando a la historia. También esta.

    Artículo publicado en el diario Sport (6 de octubre de 2018) Versión en pdf

    NADIE ESPERA UN MASAJE EN TAILANDIA

    Desde el Gran Premio de Turquía de 2005 que el mundial de motociclismo no pisaba un país nuevo. Tailandia será el trigésimo que acoja una carrera de este certamen fundado en 1949. Por lo que cuentan quienes estuvieron antes allí con ocasión de las carreras de Superbikes que se han celebrado en ese escenario, el circuito de Buriram está en medio de la nada, en un lugar desangelado y con pocas plazas hoteleras a su alrededor. Una situación que recuerda un poco la que vivimos, por ejemplo, cuando el campeonato llegó a circuitos nuevos en Sudáfrica o Argentina, más allá de Kyalami o Buenos Aires, puesto que tanto Welkom como Termas de Río Hondo nos parecieron lugares un tanto extraños la primera vez.

    La pista de Chang supone un viaje a lo desconocido. Sólo las conclusiones sacadas en los test de pre-temporada sirven como referencia para un evento que ofrece las mismas oportunidades a todos.

    Para Rossi este será el trigésimo séptimo circuito en el que participe en un Gran Premio. A Vale, los “estrenos” siempre se le dieron bien. Aun siendo tercero del campeonato, sabe que tiene poco que perder este fin de semana, incluso contando con las limitaciones de su moto. Y sabe que puede ser su última oportunidad de este año.



    Chang International Circuit

    Tailandia es un mercado especialmente interesante para todos los fabricantes. Allí la moto se vive con pasión (la asistencia de espectadores será el mejor termómetro para valorar el acierto de programar esta carrera), las ventas de vehículos de dos ruedas son espectaculares, y el potencial económico que puede suponer el merchandising asociado a las grandes figuras es prometedor. Y en este último aspecto, el italiano sigue siendo el rey. Una remontada como la de Motorland, por no hablar de un podio o una victoria, dispararía la facturación por este concepto.

    Para Rossi, la aportación técnica de Michele Gadda, el ingeniero electrónico incorporado este año a las filas de Yamaha procedente del equipo oficial de Superbikes, puede ser de gran validez por su experiencia previa en este trazado.

    Veremos cómo se traduce en la pista la tensión que se haya podido desencadenar entre Lorenzo y Márquez tras lo sucedido en la primera curva de Alcañiz y, sobretodo, después de la posterior conversación/reconciliación aireada a través de las redes sociales. ¡Mira que si el domingo Rossi o Dovizioso acaban siendo los grandes beneficiados sin comerlo ni beberlo!

  • Artículo publicado en el diario Sport (25 de noviembre de 2017) Versión en pdf

    LA POTENCIA NO EMANA SOLO DEL MOTOR

    Final de curso. Tiempo para hacer balance o, mejor aún, para mirar hacia el futuro y lo que nos traerá.

    La temporada 2017 ha ido de menos a más. No entendí el entusiasmo artificial y sobreactuado con el que algunos acogieron las primeras carreras de la temporada, justificado tal vez por las ansias de novedades que se suponía que iban a traer los nuevos gestores del certamen, y que a mi, personalmente, me parecieron más bien escasas.

    Pero, la verdad es que pese a que las victorias iniciales de Vettel dispararon las expectativas de los ferraristas, el tiempo y Mercedes pusieron a cada cual en su sitio.

    Para mí, lo mejor del año ha sido, sin duda, la capacidad de reacción de Hamilton, con un final de temporada majestuoso rubricado por su cuarto título mundial.

    El último tercio del calendario, con las mejores carreras de la campaña, nos ha confirmado que a Ferrari le cuesta brillar bajo presión. Sus resultados en Interlagos, una vez que el británico ya había consolidado su objetivo de revalidar el título, confirmaron que los de Maranello lucen mejor cuanto menos hay en disputa.



    Los responsables de Liberty Media

    2018 debería ser el año de Liberty Media, alejada ya de la influencia de la sombra de Ecclestone. Ahora ya no valen las excusas, y cabe esperar mucho más que palabras y buenas intenciones. Ya no nos conformamos con números y nombres pintados más grandes en las carrocerías.

    Llega la época de los coches con halo. Del debate profundo sobre los límites presupuestarios. De la definición exacta de la arquitectura de los motores del futuro. De saber si, realmente, marcas como Porsche o Alfa Romeo vuelven de verdad, o si todo es una estrategia de marketing. De confiar en que Renault permita sonreír a los pilotos españoles. De recuperar las audiencias televisivas y de solidificar nuevos formatos, o de dejarse de más especulaciones. Y en la época de los coches híbridos conviene no olvidar, sobretodo, que no hay mejor carburante para la competición que la ilusión, que es lo que claramente hay que resucitar. Sin ella, no hay motor que funcione.

    Artículo publicado en el diario Sport (11 de noviembre de 2017) Versión en pdf

    QUÉ LÁSTIMA, PERO ADIÓS

    No solo el turrón El Almendro vuelve a casa por Navidad. También las amenazas de Ferrari y los anuncios de retirada de Felipe Massa son un clásico en estas fechas tan entrañables como cansinas.

    Es un acto reflejo. Al primer spot de la lotería, van los de Maranello y lanzan su desafío secesionista. Esta vez han sido los anuncios de un cambio tecnológico radical en la F1 a partir de 2021 lo que ha hecho resurgir las viejas letanías de Luca Montezzemolo, ahora reeditadas en boca de Sergio Marchionne. Con una diferencia: al señor de las americanas de lujo le hacían más caso que al prestigioso ejecutivo del jersey roído.

    Por conocida, la vieja lamentación de Ferrari ya suena a mantra, y su repercusión es más bien escasa. Incluso inofensiva, bajo el mandato de una Liberty Media mucho más insensible que Bernie Ecclestone ante según qué retos basados en una fuerte carga de nostalgia.

    Igualmente, este fin de semana será el último para Massa con un F1 en Interlagos. O no, ya que el brasileño se ha despedido más veces de este deporte que Ortega Cano de los ruedos.



    Felipe Massa

    Está en su derecho. Sabemos de su marcada tendencia a la emotividad, y más en un escenario como ese (su casa, pero también el lugar que le vio llorar como un niño por no haber sabido defenderse como un piloto), pero estaría bien que esta vez nos ahorrara el espectáculo de la familia esperándole en pleno pit-lane después de haber reventado el coche por enésima vez.

    Sus dos últimas campañas con el Williams no han estado a la altura. Felipe es un deportista entrañable, pero el momento de la despedida hace ya tiempo que llegó. Si creemos que pilotos como Palmer no tenían sitio en la F1, si pensábamos que su compañero Lance Stroll llegó prematuramente a la disciplina (aunque esté mejorando a gran velocidad), si nos cuesta tanto entender qué hace aquí Ericsson como asimilar porqué ya no está Kvyat, debemos aplicar el mismo criterio a la continuidad de Massa.

    La fruta verde puede madurar; pero cuando ya acumula muchas horas de sol, o de nevera, difícilmente volverá a su punto óptimo.

    Artículo publicado en el diario Sport (28 de octubre de 2017) Versión en pdf

    UN EMPATE CON DESIGUAL RESULTADO

    Desde que el GP de México volviera en 2015, la carrera del Hermanos Rodríguez ha sido de las que ha vivido un ambiente más espectacular en las últimas temporadas.

    El domingo el autódromo puede explotar. No me gustaría estar en la piel de Esteban Ocón, sobretodo después de las guerras que el francés ha mantenido con Checo Pérez. Estoy convencido que el recibimiento que la afición casera le dispensará será, cuanto menos, “ruidoso”.

    Pero no será la defensa del ídolo local lo que va a provocar más algarabía, sobretodo en el Foro Sol, la zona más bulliciosa del circuito. La más que factible posibilidad que Hamilton se proclame allí campeón mundial por cuarta vez es lo que promete más bulla.

    En 2015, el inglés llegaba a esta pista después de firmar su tercer título una semana antes, en Austin. La victoria de Nico Rosberg contribuía al segundo título de marcas para los de Brackley. El año pasado, Hamilton ganaba en México, pero la proclamación del título de pilotos debía esperar a la siguiente cita, en Abu Dhabi, para consagrar a Rosberg como flamante vencedor del curso 2016… horas antes de hacer pública su retirada.



    Esteban Ocón

    Pero esta vez no. México vivirá la lucha por el título a tope, sin dilaciones ni prórrogas.

    Estamos convencidos que Hamilton, proclive al espectáculo, lo dará todo este fin de semana. Su generosidad con los aficionados los enloquecerá. O en la carrera, o –sobretodo– después con su celebración. O en los dos momentos.

    Sumará cuatro títulos, los mismos que Vettel, su principal rival este año. Las trayectorias de ambos se han cruzado esta temporada. El de Ferrari, de más a menos, por culpa del coche. El de Mercedes, de menos a más, gracias al coche.

    Al margen de este empate a diplomas, el palmarés de Lewis es más abultado en varios capítulos. Pero lo que cuenta son los títulos. Ambos tendrán los mismos, sí; en el caso de Hamilton con dos equipos distintos. Y esto marca cierta diferencia y valor de cotización.

    Aunque, todo hay que decirlo, los tres restantes con un coche hegemónico, como pasara con los cuatro de Vettel al volante del Red Bull.

    Artículo publicado en el diario Sport (21 de octubre de 2017) Versión en pdf

    DE DUCATI A FERRARI HAY ALGO MÁS QUE 42 KILÓMETROS

    Como las natillas, que a mi me daban dos (y así estoy), este finde: doble ración de motor. Con Ducati y Ferrari. La una tiene a uno de sus pilotos con posibilidades de ganar el mundial de MotoGP. La otra tiene a uno de sus pilotos muy cerca de dejar escapar el (quinto) campeonato de F1, que ha tenido enormemente a su alcance.

    Ducati no partía como favorita. Nunca lo hace. Y sin embargo, gracias a la confianza que ha ido ganando Andrea Dovizioso a lo largo de la temporada y, sobretodo, a la rápida adaptación de su moto al caprichoso y complicado comportamiento de los neumáticos, ahí está. Con cinco victorias y a solo 11 puntos del líder, cuando únicamente faltan tres carreras para el final del certamen.

    Ferrari sorprendió a todos en la pre-temporada, y las ilusiones que desató entre sus seguidores se confirmaron con los resultados de Sebastian Vettel en las primeras carreras. Con cuatro victorias, llegó a comandar con un margen considerable sobre el actual líder, Lewis Hamilton, antes que la falta de fiabilidad del coche apareciera en las pruebas asiáticas.

    Dovizioso aprovecha todo lo que le brinda su GP17. Vettel lucha para compensar lo que le impide su SF70H.

    Italia, pasión, rojo, patrocinadores, presupuesto y urgencias históricas. Son los denominadores comunes de ambos equipos con tantas necesidades análogas.



    Vettel en su SF70H

    Modestia y prepotencia. Orientación y zozobras. Tranquilidad y nerviosismo. Estabilidad y cambios Son algunas de las diferencias.

    De menos a más. De más a menos. En Ducati llevan muy bien el necesario tiempo de adaptación de Jorge Lorenzo a una moto tan esquizofrénica como la suya. En Ferrari la paranoia vuelve a apoderarse de ellos cuando, después de hacer un coche muy rápido, ahora –cuando debe dar el do de pecho– falla y se rompe.

    Los pilotos de ambos equipos son muy buenos, y un ejemplo de profesionalidad. Vettel habla maravillas de Raikkonen, y Lorenzo aplaude la campaña de Dovi.

    Los gestores del equipo de motos están renovados de por vida. Los de la de coches parecen próximos a ser sustituidos por enésima vez. Entonces, ¿qué falla aquí?

    Artículo publicado en el diario Sport (7 de octubre de 2017) Versión en pdf

    FICHEN AL QUE HACE LAS FLECHAS, NO AL INDIO

    Dicen que la mentira tiene las piernas muy cortas. Y la memoria.

    Anda el paddock revolucionado ante la posibilidad que Renault pueda fichar al que fuera jefe técnico de la FIA hasta hace poco.

    No tengo el placer de conocer a Marcin Budkowski, pero está claro que los secretos que probablemente conozca este señor de cada coche son, cuanto menos, golosos.

    Temen los equipos que sus “soluciones mágicas” queden al descubierto, y aplicables al coche de los de Enstone, de materializarse su contratación una vez transcurrido el periodo de carencia del contrato que le vinculaba con la Federación.

    Curiosa circunstancia esta, ahora que Ross Brawn es el máximo responsable de Liberty Media en lo concerniente a lo técnico. Y ya recordarán ustedes el coche invencible que hizo el británico en Brawn GP en 2009; un monoplaza que impuso su hegemonía gracias a la habilidad para colarse por todos y cada uno de los resquicios que dejaba al aire el reglamento técnico de aquella temporada… que previamente había sido redactado por el propio Ross.



    Marcin Budkowski

    Ignoro el potencial de Budkowski, francamente. Pero, sin querer menospreciarle, ni mucho menos: los fenómenos como Brawn no abundan. Y tampoco se si Renault estará dispuesta a invertir todos los medios que en su momento aportó Mercedes para dotar a aquel coche de un motor soberbio, difusores dobles al margen.

    No sabemos cómo acabará esta historia, pero no me dirán que no resulta chocante que haya explotado precisamente en Japón, el país que empezó copiando las tecnologías ajenas (en muchos ámbitos industriales) para desarrollar luego la propia. Y triunfar… casi en todo, aunque últimamente la F1 no sea precisamente el mejor ejemplo del éxito nipón.

    El pánico que ha desatado Budkowski descubre la vulnerabilidad de la parte más “industrial” de la F1, justamente la que ha cobrado más importancia en los últimos tiempos, por encima de la humana, representada por los pilotos.

    Si alguien dudaba de que este es un campeonato de ingenieros, aquí tiene una nueva muestra.

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