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  • Article publicat al diari Sport (8 d'abril de 2017) Versió en pdf

    EL TRABAJO MÁS FÁCIL DEL MUNDO: EL DEL PRÓJIMO

    Hace 22 años, visitando a un (buen amigo) piloto en el hospital, tras un terrible accidente que casi le cuesta la vida, tuve una experiencia que ilustra como puede ser de adictivo el deporte del motor. Para quienes lo practican, pero también para quienes les rodean.

    He visto arruinarse a familias con muchos posibles por la obsesión de “llevar” al hijo de turno hasta la F1, MotoGP, o al olimpo si hacía falta. Costase lo que costase. La mayoría de veces para nada.

    El caso que quiero contarles es extremo. En la puerta de la UVI me encontré a la madre del deportista lesionado, que me espetó: “tienes que ayudarnos”. Creía que, ante el riesgo de la amputación de una pierna, iba a pedirme que convenciera a su hijo para que lo dejara, para que colgara el casco. Y me soltó: “tienes que ayudarnos a que no le quiten el motor oficial para cuando vuelva a correr…”

    Que Pascal Werhlein tampoco participe en Shanghai evidencia la trascendencia de la lesión que se produjo en la Carrera de Campeones en Miami a mediados de enero y que, de momento, le ha hecho perderse la primera semana de test en Montmeló, y las dos primeras citas del calendario.



    Pascal Werhlein

    Sólo él sabe hasta qué punto las secuelas de su choque con Massa le pueden afectar en la conducción del Sauber, aunque no ha faltado quien ha hecho interpretaciones que, más que desafortunadas, sobre todo son carentes de humanidad.

    Nadie mejor que el piloto sabe los esfuerzos que ha hecho, los sacrificios que tanto él como su entorno, habrán tenido que hacer para hacer realidad su propósito vital: correr en F1. Si ahora el alemán no corre tampoco en China, por algo importante será.

    Cuando Alonso tuvo su accidente en la pre-temporada de 2015, se habló y se especuló mucho sobre el mismo. También sobre su ausencia en Melbourne, en la cita inaugural de aquel año, y acerca de su reaparición. Comentarios tan irresponsables e indocumentados como los que ahora aparecen a propósito de lo de Pascal.

    Una muestra más de lo poco que se respeta el trabajo de estos hombres.

    UN CUENTO CHINO

    No falta quien dice que este GP es un cara o cruz para Alonso. Seguir (sufriendo, pero cobrando) o dejarlo (ignoro si también cobrando). Ni quien le acusa de priorizar el aspecto económico a lo deportivo. Del mismo modo que solo el propio Werhlein sabe si está o no para correr, tampoco nadie puede conocer las motivaciones de Fernando. Aunque soy pobre de solemnidad, entiendo que alcanzado un determinado nivel económico, los retos ya son intangibles.

    Article publicat al diari Sport (25 de març de 2017) Versió en pdf

    QUÉ EMPIECE LA FUNCIÓN. AUNQUE SEA UNA COMEDIA

    El próximo lunes se celebra el Día Internacional del Teatro. La F1 ha querido sumarse a la celebración con el GP de Australia para levantar este fin de semana el telón de la temporada.

    Dicen, y así nos lo han vendido por activa y por pasiva, que nos enfrentamos a una F1 “distinta”. No quiero engañarles: no lo creo. Y ojalá que me equivoque.

    Los test de pre-temporada, más que un juego de confusiones, o una comedia de enredo, suelen ser una farsa vodevilesca.

    No me creo nada. O casi nada. Mercedes pudo ir mucho más rápido de lo que fue, la velocidad real de Ferrari la veremos aquí, y Red Bull jugaron al escondite. En el caso de los de Milton Keynes, más por necesidad –su motor Renault no estaba aún afinado, y la producción de determinadas piezas se atrasó más de lo debido– que por estrategia.

    Lo único que pareció real fue el desatino de McLaren. Los de Woking y los de Honda, ya lo saben, están a punto del divorcio. O, cuanto menos, ya duermen en camas separadas. Los ingleses, en privado (y algo más tímidamente en público) ya no se cortan a la hora de rajar de los japoneses.



    Alonso en un entrenamiento en Montmeló con el McLaren Honda F1

    No cometeré la petulancia periodística, demasiado habitual por cierto, de aseverar que el cambio de motor es inminente. Afirmarlo tiene un punto de irresponsabilidad y, sobre todo, de desconocimiento. Especialmente técnico, pero también legal y, evidentemente, económico.

    Tengo la sensación que esta será una temporada aburrida, tediosa, y hasta cierto punto desilusionante. Hay tantas expectativas depositadas en la misma, y son tan pocas las evidencias de que los cambios introducidos serán positivos, que creo que lo más interesante de cada carrera empezará al día siguiente de haberse disputado.

    Todo parece indicar que será un año más de despachos que de asfalto. Y si esto es así: ¿dónde queda el espacio para la emoción?

    Nos enfrentamos a una representación que podría tener más texto que acción. Más drama que comedia. Más densidad que intensidad. Ojalá que en noviembre tengamos fuerzas para aplaudir. Y ganas.

    LA REALIDAD DE MELBOURNE

    Siempre se dice que la realidad de los equipos no se ve en los test, sino en el primer GP.

    Albert Park es especial. Ni urbano, ni permanente. Ni carne, ni pescado. Aunque, interesante.

    La historia nos ha demostrado que a veces suceden cosas diferentes en esta pista. Por esto, lo que pase este fin de semana en Australia, habrá que interpretarlo con las debidas reservas. Disfrutémoslo y analicémoslo, pero no convirtamos ninguna tesis en dogma.

    Article publicat al diari Sport (30 de novembre de 2016) Versió en pdf

    EN LA GUERRA Y EN EL AMOR VALE TODO. O CASI

    La estrategia de Lewis Hamilton en Abu Dhabi, su gestión de la prueba, rodando como una tortuga desde el liderato para acercar la glotonería de los Red Bull y del Ferrari de Vettel al panal de rica miel que era la posición de Rosberg, ha incendiado algunas críticas.

    La ira de los ayatolás de la red demuestra que el forofismo, el hooliganismo de twitter, sólo se mueve con el carburante de la ignorancia, o por la inercia que da la falta de memoria. Que viene a ser lo mismo.

    Independientemente del desasosiego que la rebeldía del británico a las órdenes radiadas de Paddy Lowe pueda desencadenar en el orden interno de Mercedes, casi ningún profesional de la F1 ha criticado la estrategia de Hamilton. Que será más o menos elegante, estilosa o ética, pero que entra dentro de lo lícito, por mucho que algunos se escandalicen.

    Ni el propio Rosberg cuestionó, o puso pero alguno –al menos delante de luz y taquígrafos– por la estrategia desplegada por un rival que, lógicamente, quería jugar sus cartas para ser él el campeón de la temporada. Forma parte del juego, guste o no. El público, el que paga entrada en los circuitos o abono por ver las carreras por televisión, es soberano. El cliente suele tener la razón. Cuando la tiene. Y no siempre es el caso.



    Lewis Hamilton y sus perseguidores finalizando la carrera de Abu Dhabi

    Los insultos, lecturas sesgadas de cualquier comentario, los matices torticeros, esos oscuros (o no tanto) intereses que no persiguen más que la descalificación, se desmoronan.

    En 1999 Schumacher desquició a Hakkinen en Malasia con la misma táctica. Y años después, Rosberg ganó en Mónaco utilizando la misma estrategia: rodando lento para minimizar la degradación del neumático. Y nadie se inmoló por ello. Al contrario: no fueron pocos los que ensalzaron sus astucias en su momento.

    Felicitemos a Hamilton por su pícara victoria. Y, por supuesto, a Rosberg por un título merecido, que ya tocaba por tardón. Incluso deberían hacerlo quienes han criticado su conservadurismo, que haya pilotado con la calculadora. Curiosamente, los mismos que se extasiaban cuando Prost hacía igual, y no pasaba nada.

    Article publicat al diari Sport (30 de novembre de 2016) Versió en pdf

    EN LA GUERRA Y EN EL AMOR VALE TODO. O CASI

    La estrategia de Lewis Hamilton en Abu Dhabi, su gestión de la prueba, rodando como una tortuga desde el liderato para acercar la glotonería de los Red Bull y del Ferrari de Vettel al panal de rica miel que era la posición de Rosberg, ha incendiado algunas críticas.

    La ira de los ayatolás de la red demuestra que el forofismo, el hooliganismo de twitter, sólo se mueve con el carburante de la ignorancia, o por la inercia que da la falta de memoria. Que viene a ser lo mismo.

    Independientemente del desasosiego que la rebeldía del británico a las órdenes radiadas de Paddy Lowe pueda desencadenar en el orden interno de Mercedes, casi ningún profesional de la F1 ha criticado la estrategia de Hamilton. Que será más o menos elegante, estilosa o ética, pero que entra dentro de lo lícito, por mucho que algunos se escandalicen.

    Ni el propio Rosberg cuestionó, o puso pero alguno –al menos delante de luz y taquígrafos– por la estrategia desplegada por un rival que, lógicamente, quería jugar sus cartas para ser él el campeón de la temporada. Forma parte del juego, guste o no. El público, el que paga entrada en los circuitos o abono por ver las carreras por televisión, es soberano. El cliente suele tener la razón. Cuando la tiene. Y no siempre es el caso.



    Lewis Hamilton y sus perseguidores finalizando la carrera de Abu Dhabi

    Los insultos, lecturas sesgadas de cualquier comentario, los matices torticeros, esos oscuros (o no tanto) intereses que no persiguen más que la descalificación, se desmoronan.

    En 1999 Schumacher desquició a Hakkinen en Malasia con la misma táctica. Y años después, Rosberg ganó en Mónaco utilizando la misma estrategia: rodando lento para minimizar la degradación del neumático. Y nadie se inmoló por ello. Al contrario: no fueron pocos los que ensalzaron sus astucias en su momento.

    Felicitemos a Hamilton por su pícara victoria. Y, por supuesto, a Rosberg por un título merecido, que ya tocaba por tardón. Incluso deberían hacerlo quienes han criticado su conservadurismo, que haya pilotado con la calculadora. Curiosamente, los mismos que se extasiaban cuando Prost hacía igual, y no pasaba nada.

    Article publicat al diari Sport (26 de novembre de 2016) Versió en pdf

    OJALÁ QUE EL QUE GANARA FUERA EL MEJOR

    Por vigesimonovena vez en los 67 años de historia de la F1 (y undécima en los últimos veinte), el título se decidirá en la última carrera. Será la segunda experiencia en este sentido para Rosberg, y la cuarta para Hamilton, que transformó dos de ellas en títulos.

    Cuatro de las siete ediciones del GP de Abu Dhabi fueron ganadas por el piloto que se adjudicó el título de aquel año, y esta será la quinta vez que acoja la última carrera, de nuevo decisiva como en 2010 y 2014.

    Nico o Lewis, la hora de la verdad. Para uno la de lograr romper el maleficio que le persigue, hacer trizas su fama de segundón. Para el otro, la de consagrarse como tetracampeón, un hito al alcance de muy pocos; sólo Fangio, Prost, Schumacher y Vettel firmaron (o superaron) esa cifra.

    Rosberg tiene el dudoso honor de ser el piloto que ha ganado más carreras (23) sin llegar a proclamarse campeón del mundo. Materializar su empeño le habrá costado 206 GP en diez años de F1.



    Nico o Lewis, la hora de la verdad

    Y mientras el alemán busca su segunda victoria en este escenario, Hamilton persigue la tercera aquí, la 53 de su palmarés. Sólo Schumacher ha ganado más: 91.

    Son sólo cifras. Pero cuando las juntamos, si las comparamos, la lucha agónica por este título se desequilibra.

    El británico es, probablemente, mejor piloto. Las cifras lo corroboran. También más mediático. Por ello Ecclestone le prefiere como campeón, aunque esto no es solo marketing. Pero este año ha cometido algunos errores.

    Para Rosberg es el cara o cruz de su vida. Ahora, o nunca. Ha hecho méritos para un título que empezó a forjarse en las tres últimas carreras de la temporada pasada. Eso sí, sin demasiado relumbrón. Con algunos costurones, como sus dificultades bajo la lluvia. Y con la calculadora en la mano en múltiples ocasiones; pero también lo hacía Prost, y nadie se rasgó las vestiduras.

    Hamilton confía en el juego limpio de su compañero, pese a que a este le favorece una exclusión mutua. Pero el Yas Marina no será Suzuka 90, Adelaida 94, o Jerez 97. Ni para lo bueno, ni para lo malo, que también lo hay. Y, comparado: no poco.

  • Article publicat al diari Sport (7 d'abril de 2017) Versió en pdf

    MAVERICK, ¡QUÉ BUENO QUE VINISTE! (CON TODOS LOS DEMÁS)

    El circuito de Termas de Rio Hondo es especial, distinto. Marc Márquez ha firmado la pole en los tres GP que se han disputado en este escenario y ha ganado dos de las tres ediciones de esta versión de la cita argentina; pero esta carrera se presenta particularmente imprevisible.

    Su asfalto suele tener un nivel de adherencia más bien bajo, y la escasez de competiciones que en él se disputan hace que al llegar allí los pilotos lo encuentren sucio.

    La sensibilidad de esta pista se acentuará con las previsiones meteorológicas del fin de semana, que anuncian temperaturas bajísimas durante el evento, lo que incrementará las dudas y temores sobre la capacidad de agarre de su asfalto.

    Todo el mundo da por sentado que Márquez reaccionará a su “fracaso” de Qatar, lo que revalorizaría el argumento del continuado duelo contra Viñales que se espera a lo largo de la temporada. Aunque aún es pronto para contrastarlo, Kevin Schwantz ha llegado a compararlo con el pulso que dirimió contra Wayne Rainey en su momento. A mi no me lo parece.

    Circulan incluso los datos de una encuesta –poco rigurosa, por cierto– que sobre 500 entrevistados otorga un 42% de opciones al título para el de Cervera, y un 26% al de Roses, sólo un 2% más que las que dan a Rossi.



    Maverick Viñales

    Según como, focalizar todo el interés del campeonato en la lucha entre esta dupla puede ser no sólo reduccionista, sino también irrespetuoso.

    El año pasado, en Argentina, sólo la inmadurez de sus pilotos privó a Ducati de una doble presencia en el podio, lo que demuestra que la moto de Borgo Panigale se adapta bien a una pista con una recta muy larga. Y ya vimos cómo estuvo de bien Dovizioso en Catar.

    La citada encuesta da un 8% de posibilidades de ser campeón a Lorenzo. Pocas. Pero tal vez aquí empiece a despegar. Quién sabe, aunque es un circuito que exige una confianza con el neumático y la moto que puede que todavía el mallorquín no haya adquirido con la Desmosedici.

    No es una carrera para pronósticos fáciles. Todo está muy abierto.

    TERMAS DE RIO… REVUELTO

    Para pesadilla de las casas de apuestas, según Alex Crivillé también hay que contar para la victoria con Pedrosa, que el año pasado ya pisó este podio.

    El arranque de Zarco en Losail, o la machada de Espargaró con la débil Aprilia… también son destellos de quienes a priori no están entre los favoritos, pero cuya ambición ilumina las carreras. Dicen que no tendremos nueve ganadores distintos este año, pero si en algún lugar puede saltar la sorpresa es aquí.

    Article publicat al diari Sport (24 de març de 2017) Versió en pdf

    LA TRAMONTANA NO SÓLO SOPLA EN ROSES

    Maverick Viñales. El nombre de moda durante toda la pre-temporada centra el interés de los focos en Losail. El de Roses ha acreditado una velocidad endiablada, y no son pocos los que avalan su postulado para el título de este año.

    Pero una cosa son los test de invierno, y otra un fin de semana de GP, con fuego real, y toda la presión mediática encima.

    “Mack” no es de los que se amedrentan. Lo ha demostrado en múltiples ocasiones. Al contrario: ante las adversidades suele sacar su durísima personalidad y se viene arriba. Que nadie le menosprecie.

    Está claro que es un claro candidato a ser campeón del mundo también en MotoGP. La incógnita por despejar es si lo es ya para esta misma temporada, sobretodo ahora que cuenta con una moto ganadora como la Yamaha. De entrada parece que sí, pero la prudencia obliga a esperar, cuanto menos, al domingo por la noche para saberlo.

    Pero no estaría de más recordar la machada de Márquez en su primera carrera en la categoría reina. Claro que: al manillar de una Honda, mientras que para Viñales esta será su primera cita después de las treinta y seis anteriores con una Suzuki, mucho más modesta que la montura que utilizó en su estreno el de Cervera.



    Maverick Viñales

    Sito vs Garriga. Lorenzo vs Pedrosa. Márquez contra el mundo. La historia nos ha regalado la posibilidad de vivir duelos al límite entre pilotos españoles, y todo parece indicar que las circunstancias nos van a regalar una nueva versión de estos pulsos fratricidas.

    No son pocos los que avanzan que esta temporada vamos a disfrutar con el pulso entre Márquez y Viñales. En los test ya hemos visto algunos destellos de lo que se presume una rivalidad sin concesiones. Marc es el amo de la pista, lo ha demostrado. Pero Maverick es un punk iconoclasta que nutre su talento de una materia prima llamada irreverencia. Para mayor escarnio del de Honda dice que su ídolo es Rossi, pero está dispuesto a limpiar el metal de las copas que gane este año con los restos del póster que ya ha descolgado de su habitación.

    UN ESPEJISMO EN EL DESIERTO

    El circuito de Qatar siempre fue propicio a Lorenzo, que ha ganado aquí en seis ocasiones, tres de ellas en la categoría reina. Ducati también se ha impuesto en tres oportunidades aquí. La ecuación Ducati-Lorenzo cuadra en este escenario, aunque la pretemporada no lo avala. Pero las carreras no son siempre matemáticas, estadística o lógica. Con dieciocho carreras por delante, la temporada será muy larga. Y esto tampoco es como empieza, sino como acaba.

    Article publicat al diari Sport (11 de novembre de 2016) Versió en pdf

    MÁRQUEZ, Y TODOS, EN DEUDA PERMANENTE CON ROSSI

    Valentino Rossi ha ganado este año dos de las diecisiete carreras disputadas hasta el momento. Sólo en la primera de sus ¡veinte! temporadas en el mundial, en 1996, ganó menos: una.

    Y, sin embargo, el de Tavullia ha firmado su sexto subcampeonato (quinto en la clase reina), lo que sumado a sus nueve títulos configuran un palmarés espectacular.

    La temporada pasada terminó de manera lamentable. Su paranoia con los pilotos españoles, su película del “biscotto”, envileció un final de campaña inmerecido.

    Este año intentó prolongar su táctica más allá de lo razonable hasta que, afortunadamente, en los últimos tiempos ha decidido emplear otros métodos. Mucho más deportivos, y en consonancia con su extraordinaria calidad como piloto.

    Sus resultados –a su edad, y sin ninguna necesidad– tienen un mérito extraordinario. Valoro mucho más su 2016 que algunos títulos frente a rivales sobrevalorados.

    En un año en el que los éxitos se han atomizado con nueve ganadores distintos, Rossi –y todos– han tenido que bregar en más frentes que nunca. Este mundial ha sido como aquellas películas de terror en las que aparece un zombie en cada esquina. No valía estar pendiente de un solo rival, por lo que lo más inteligente era dejarse de obsesiones, y no focalizar fobias en nadie. Y es lo que ha hecho el de Yamaha.



    Valentino Rossi

    Valentino ha pagado muy caro su error en Assen y la rotura de motor de Mugello, pero al margen de esto, probablemente nunca ha estado en disposición de ejercer una oposición contundente a un Márquez que ha sabido modular su estilo en función de las circunstancias.

    El de Cervera sigue arriesgando, y cayéndose, en los entrenamientos. Pero en carrera ya no. Marc, el pentacampeón más joven, decidió al inicio de este año que tonterías, las justas. Y con este planteamiento no lo para ni Dios. Ni Rossi.

    Ignoro hasta dónde llegará la trayectoria de Vale, ni si esta ha iniciado su probable declive. Pero, mientras no llegue al final, disfrutemos de lo mucho que nos ha dado, y entendamos que es su calidad la que pone en valor los éxitos de sus rivales.

    Article publicat al diari Sport (27 d'octubre de 2016) Versió en pdf

    NI TRUCO, NI TRATO. PRUDENCIA NO ES MIEDO

    Tengo un amigo que suele afirmar que, en tu lápida, puede poner cualquier inscripción menos “Se murió por gilipollas”.

    Ahora que se acerca el día de los difuntos, si tienen ocasión de pasarse por el cementerio, y conocen la identidad de algunos de los que allí reposan, seguro que podrán recordar la idoneidad del epitafio.

    A Jorge Lorenzo algunos ya lo han enterrado vivo. La temporada no ha sido buena, cierto, y su actuación en Phillip Island fue claramente mala (razones habrá) pero de ahí a dar por finiquitada su trayectoria, hay todo un trecho.

    Leíamos una entrevista en la que reconoce que este año las sensaciones sobre su Yamaha no son buenas. Incluso que ha sentido miedo de hacerse daño por la falta de confianza que le transmite.

    Es obvio que el comportamiento de los neumáticos le ha generado este sentimiento en mayor medida que a otros, como Rossi. Probablemente esa inseguridad se habrá visto acrecentada por la falta de mimo de su equipo, sobretodo a partir de que se hizo pública su partida a Ducati. Ahora, a toro pasado, es muy fácil valorarlo, pero estratégicamente, el anuncio fue un error. El despecho por la prematura renovación a Vale pesó más que la astucia, sobretodo con tantas carreras por delante.



    Valentino Rossi

    Pero Lorenzo es así. Le gusta rodearse de una guardia pretoriana. Le encanta que su soledad interior esté arropada por el caparazón de un entorno que le envuelve como si fueran una matrioska. Aunque luego no le guste que le lleven la contraria, o que sean críticos con él.

    Hay quien critica que haya reconocido que ha pasado miedo. Que lo pasa. Y, lo más sorprendente, es que lo hagan personas que han competido en moto… A altísimo nivel, aunque se hayan quedado a las puertas de ser campeones del mundo. Eso que Lorenzo logró en cinco ocasiones, y que algunos han olvidado.

    Yo lo valoro. Porque habrá más oportunidades; aunque en este futuro inmediato que le aguarda, no serán fáciles. Porque le humaniza; si hubiera negado la mayor, le volverían a llamar chulo por enésima vez). Y porque en la lápida no puede poner según qué cosas.

    Article publicat al diari Sport (21 d'octubre de 2016) Versió en pdf

    GIVE ME FIVE. CON LA MANO PLANA

    Marc Márquez no podía responder de mejor manera que con la forma que ha obtenido el titulo de este año a la campaña de provocaciones que Valentino Rossi puso en marcha en el tramo final de la pasada temporada. El de Cervera ha hablado en la pista, dejando para los demás otros escenarios más propicios a la charlatanería.

    Este final de campeonato está siendo el de las venganzas silenciosas, como la del flamante campeón, pero también el de los resentimientos y el resquemor.

    El entusiasmo y la alegría que se respiran en el box del catalán contrastan con la desazón que se vive en el de Yamaha, la gran derrotada del 2016.

    El campeonato arrancó con una contundente victoria de Jorge Lorenzo en Qatar que, combinado con lo que se había visto en los test de invierno y los problemas de adaptación de las Honda a la nueva electrónica, hacían presagiar un paseo para la marca de los diapasones. Pero no ha sido así.

    De momento, de las 15 carreras disputadas, Honda se ha llevado seis (cinco con Marc y otra para Pedrosa) y Yamaha cinco (tres de Jorge y otras dos con Rossi); la última, por cierto, ya hace cuatro meses.



    Jorge Lorenzo celebrando su victoria en Qatar

    La clave, está claro, ha sido que Márquez ha puntuado en todos los GP de este 2016; la mejor fotografía del cambio de actitud de Márquez, que ha pasado de ser un piloto on/off a una máquina extraordinariamente regular. Miel y hiel.

    En Honda disfrutan con sus pilotos. En Yamaha parecen empeñados en todo lo contrario. La prohibición de Lin Jarvis a que Lorenzo pruebe la Ducati antes de acabar el año no parece la mejor forma de crear un buen ambiente en el seno de un equipo que necesita más mimos que azotes. Qué Jorge se irá, vale. Qué esto no es una ong, también. Pero pensar que los “secretos” que el mallorquín pueda revelar a los italianos no puedan ser traspasados en cualquier momento es propio, más que de un iluso, de un amargado. O de un incapaz.

    Lorenzo merece un mejor agradecimiento por todo lo que ha dado a Yamaha que esta obcecación en el cumplimiento a rajatabla de su contrato. Que tome nota Viñales de lo que le espera.

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