Lo siento mucho, no volverá a suceder 2.0

07-07-2017

“A jugarme la vida cada vez que me subo a un monoplaza”. La frase la ha colgado esta semana Fernando Alonso en Twitter. Toda una declaración de principios y, sobretodo, la constatación de que el suyo es un oficio peligroso. Muy peligroso.

Pero una cosa es el riesgo inherente a las carreras –que conocemos y aceptamos–, y la otra el que se añade de forma absurda, gratuita. Como el que aportó Sebastian Vettel en Bakú, y del que –de nuevo– se ha salido de rositas.

Nos encanta que los pilotos luchen al límite, como antaño. Pero quien quiera ver a los novios de la muerte: que se apunte a la legión, vaya a los toros, o se ponga “Rollerball” o una de gladiadores en su casa.

Jugar con la vida, la propia y la de los demás, es de idiota. Y la estupidez no debería salir gratis. La FIA debería tomar nota de lo del Tour con lo de Sagan a Cavendish, salvando las distancias (y las velocidades), polémica incluida.

Con su timorata decisión, la tentación de cometer una locura en pista es demasiado grande. Total, luego con pedir perdón, el marcador volverá a ponerse a cero, pensarán algunos pilotos viendo lo que ha pasado con el de Ferrari. Se ha sentado un precedente.

Hubiera sido interesante ver la reacción de Hamilton al enterarse de la benevolencia de los acólitos de Todt con Vettel. ¡Menudo regalo de cumpleaños le hicieron!

El oficio de árbitro nunca es fácil en ningún deporte. Fíjense que, aún con la ayuda del video, a veces los fallos de apreciación son clamorosos (de nuevo me refiero a lo de Sagan). Y es que de poco vale el “ojo del halcón” si el que lo va a valorar luego tiene conjuntivitis. O mixomatosis.

Porque lo de este lunes fue de cabezones. Que ni tras dos semanas de estudios y reflexiones se imponga el sentido común es para analizarlo.

Liberty Media quiere más espectáculo. Bien. Pues, si se atreven, que ofrezcan en streaming el “calentito” brieffing de pilotos que se espera este fin de semana en Austria. Eso sí es de valientes, y no liarse a trompazos con el coche o replicar con un pendenciero “te espero en la calle”.