Fue Márquez quien se cayó en la marmita

19-05-2018

Estamos en el año II después de Angel Nieto. Todo MotoGP está ocupado por los españoles y los italianos… ¿Todo? ¡No! Un equipo poblado por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor.

Como sucede en las historias de Astérix, el héroe de los franceses para el fin de semana pretende no verse arrasado en casa por las hordas enemigas.

Johan Zarco es especial. Su palmarés, su potencial y su particular estilo lo confirman. Con una personalidad de perfil más bien bajo, no tiene mánager -aunque sí un coach-, y no utiliza las redes sociales de forma compulsiva como sus vecinos de la parrilla.

Le Mans, el factor campo, puede ayudarle. En 2017 obtuvo en esta pista su primer podio en MotoGP. Un año después ya lleva cinco, pero aún no ha conseguido ganar en la máxima división. Pese a ello es segundo del campeonato, con la primera Yamaha, que es también la moto satélite mejor situada.

Para reducir los doce puntos que le separan de Márquez no bastará con ingerir una dosis extra de la poción mágica del druida, ni encomendarse a Tutatis.

Vista la contundencia de sus victorias en Austin y Jerez, al de Cervera no le paran ni el aplastamiento de un menhir, ni una indigestión de jabalíes.

Tras la cita española pregunté en el videoblog de Sport “La carrera en 90 segundos”: ¿ganará Marc todas las carreras que faltan esta temporada?

Con quince GP por delante, obviamente la pregunta es toda una provocación. Vendrán trazados donde las cosas serán más difíciles para su Honda, pese a que ya no parece que la Ducati corra mucho más en las rectas, como pasaba antes. Le Mans puede ser uno de ellos. Aquí algunas veces ha sufrido más de lo habitual. El año pasado abandonó en el circuito Bugatti, donde solo ha ganado en 2011 en Moto2, y en 2014 en MotoGP.

Pero si Márquez consigue encadenar su tercera victoria consecutiva incluso en “territorio Zarco”, el reto planteado cobrará mucho sentido, y la fiesta que pueden hacer en su box dejará pequeñas las habituales celebraciones de los irreductibles galos de Goscinny y Uderzo en la última viñeta de todas sus aventuras.