En 2020 el pa amb tomàquet sabe a caviar

07-11-2020

He tenido la suerte de disfrutar en vivo de MotoGP y de la F1 durante bastantes temporadas. De cubrir campeonatos como el mundial de rallis, el de trial, o los Seis Días de Enduro. O la satisfacción de estar en citas como las 500 Millas de Indianápolis, las 24 Horas de Le Mans o el Dakar, por citar algunas entre diversos centenares de carreras a lo largo de más de cuarenta años por el mundo. Y sin embargo -creo que ya se lo he dicho alguna vez- una de las pruebas que más me ha entusiasmado se disputa a tiro de piedra: las 24 Horas Ciclomotores de Lliçà d’Amunt.

Esa carrera es extraordinaria. Allí no corre ningún Marc Màrquez, ni los equipos que participan tienen lujosos motorhomes. La mayoría de los participantes son pilotos aficionados, deportistas anónimos que cada año preparan con ilusión una prueba que nació en 1972. Y los vehículos que se utilizan son modestos ciclomotores “trucados” para poder resistir el desafío de un evento que ya es todo un clásico.

Que nadie se ofenda, y me gustaría poder explicarme en la comparativa, pero la temporada de MotoGP me recuerda mucho -por su frescura- la cita de la Vall del Tenes. Como en la carrera promovida por la “Colla del Pa amb tomàquet”, la igualdad que estamos viviendo en un año tan extraño es extrema. Y, salvando las (lógicas) distancias, eso potencia el interés al máximo.

Obviamente, no es lo mismo llevar un Vespino de los de tan pintoresca cita, que pilotar una MotoGP. Ni pretendo comparar el nivel de unos y otros.

En los Grandes Premios de este año tampoco está Marc Márquez, y quienes con su ausencia vieron una temporada devaluada, habrán visto como su afirmación perdía fuelle.

2020, con todas las dificultades que Dorna ha solucionado de manera impecable, está siendo apasionante, con seis pilotos con opciones matemáticas al título. Obviamente, a todos nos hubiera gustado ver al de Cervera en acción, pero que nadie nos confunda haciéndonos ver que las carreras de este año son un partido de solteros contra casados. Aquí se corre, se lucha y se sufre mucho. Y lo que hay en juego va mucho más allá de unas risas de domingo. Porque aquí de reír más bien poco.

Con 75 puntos aún en juego, dense cuenta de que Joan Mir -que tiene 14 de ventaja sobre quien pronto catalogaron como “gran favorito”, Fabio Quartararo- puede proclamarse campeón del mundo sin ganar ni una sola carrera.

Me fascina la pulcritud del pilotaje del mallorquín, y sería maravilloso verle ganar el título. Pero si de nuevo nos encontráramos con un campeón sin subir al peldaño más alto del pódium, tal vez se impondría una reflexión sobre el reglamento deportivo, su forma de repartir puntos, y la necesidad de premiar el valor de las victorias por encima de todo. Y, sobre todo, para tasar como corresponde los quilates reales de una temporada que, de producirse este resultado, no faltará quien quiera limar su brillo argumentando que ganó alguien que no fue capaz de cruzar la meta el primero.

Ojalá que Mir gane un GP cuanto antes. Si es este domingo, mejor que el siguiente.

Porque a todos nos encanta el “pa amb tomàquet” como el de Lliçà. Pero el caviar se cotiza más. Ya me entienden.