El mundial de la incertidumbre y las oportunidades

18-07-2020

Hay dos formas de hacer las cosas: bien, o mal. La F1 escogió la segunda en el momento de gestionar la crisis del Covid-19. La manera como manejaron la (dificilísima) situación del GP de Australia fue la peor posible. Sin embargo, es de justicia reconocer que el arranque de la temporada -con las dos carreras en el Red Bull Ring; mejor la primera que la segunda- ha sido óptimo. La fórmula de encadenar dos pruebas consecutivas en un mismo escenario parece adecuada y se han visto soluciones imaginativas en algunos temas formales (presentación de pilotos, tratamiento televisivo, protocolos en carrera o ceremonia de entrega de premios), pese a la frialdad que conllevan unos escenarios desiertos de público y carentes de algunos de los habituales alicientes.

Y si las cosas han sido positivas en lo deportivo, hay que valorar también algunos aspectos técnicos que se han solventado con diligencia, como la reclamación de Red Bull con el DAS de Mercedes, o la estricta aplicación de las reglas con el motor de Ferrari… con las nefastas consecuencias para los de Maranello que ello ha traído. Veremos ahora como evolucionan las protestas contra Racing Point.

Como contraste al torpe proceder de la F1 al inicio de la crisis, la actuación de MotoGP en idénticas condiciones ha sido modélico. Es de agradecer la transparencia con que Carmelo Ezpeleta ha abordado las circunstancias, y como Dorna se ha ido adaptando a las mismas a pesar de los cambios continuos del panorama.

Su compromiso con los circuitos, pero sobre todo con los equipos integrantes del campeonato, ha sido la mejor demostración de que sólo trabajando con un objetivo común se podía llevar la nave a buen puerto, en medio de la peor tormenta de la historia.

Dorna ha demostrado una serenidad que hay que aplaudir. Incluso en la gestión de solicitudes que rozan lo irresponsable, como la de pedir la presencia del público en Jerez a pesar del momento, casi exigirlo, sin mayor argumentación que un baño de populismo político que se sitúa claramente de espaldas al drama sanitario que vivimos. Haber claudicado ante la presión de quienes sólo buscan su lucimiento en el escaparate hubiera sido negligente, por lo que -insisto- la firmeza de los organizadores del campeonato debe enorgullecernos.

Sin embargo, ahora llega el momento de la verdad con la celebración de la primera de las trece citas que se han añadido al incompleto GP de Catar, y a la espera de una hipotética y nada fácil ampliación del calendario.

Comienza una nueva temporada con unas circunstancias que tal vez abran nuevas oportunidades a pilotos y equipos que en un ambiente de normalidad puede que no las tuvieran.
La semana arrancó con la confirmación del fichaje de Pol Espargaró por el Repsol-Honda, y la ampliación del acuerdo con Alex Márquez con HRC. Ahora hemos tenido el anticipo del futuro de Valentino Rossi con el equipo Petronas-Yamaha para las dos próximas temporadas. Un acuerdo al 99% que hará que, en 2022, el italiano compita en los GP -si no sucede nada extraño el año próximo- con… ¡42 años!

Rossi no gana un GP desde el de Holanda de 2017. A priori no cuenta en las apuestas para los candidatos al título de este curso, pero Vale ha entrenado como un animal durante este confinamiento, aprovechando la ventaja que le supone tener un circuito en el “jardín” de su casa, el famoso rancho de Tavullia. Lo hemos visto en el test del miércoles.

Sin nada que demostrar, pero tampoco sin ninguna presión añadida, El Doctor -que anda más feliz que nunca en un paddock casi solitario- no tiene nada que perder en una campaña que se jugará a la carta más alta desde el primer momento al ser más corta de lo normal, y con una Yamaha que parece que va muy bien.

Y como él: otros tantos pilotos que ven en el extraño 2020 la oportunidad de su vida, empezando por Viñales. Es su ocasión de derrotar al imbatible Marc Márquez en una temporada donde el más mínimo fallo puede magnificar su trascendencia. La batalla ha comenzado.