El GP más duro de la historia del Circuit

16-06-2018

Que el campeonato mundial de motociclismo es un espectáculo sensacional, único, inmenso, es algo que he escrito, dicho y narrado decenas de veces. Perdón, cientos de ellas. Incluso, disculpen, tal vez miles. Me crié y crecí, profesionalmente hablando, con este deporte que amo por encima de cualquier otro. Mi pasión por el mismo, a estas alturas, está fuera de toda duda.

Al parecer, lo que escribí aquí antes del GP de Italia (“Al Mugello non si dorme” pero puede que sí se ronque) no gustó a algunos. Ya lo siento, especialmente si alguien se ofendió por ello. No era mi intención, y lo saben.

Que Lorenzo terminara la carrera de la Toscana con casi seis segundos sobre el segundo me dio un poco la razón. Aunque solo fuera un poco, pero fue así. La última carrera del certamen no fue la más emocionante de la historia. Sin ser mala, las hubo mejores, y eso es algo incuestionable.

Siempre he defendido que, en algunos aspectos, el mundial de motociclismo le da mil vueltas al de F1, y que sus gestores –a quienes admiro por cómo lo han hecho crecer- deberían quitarse de encima algunos complejos en relación a su homólogo en el automovilismo.

Pero la grandeza del mismo, la seguridad en su éxito incuestionable, les debería permitir acoger una cierta crítica, empezando por la propia. Si dije lo que dije, no debería ser tomado como un ataque al mismo, sino como un comentario ante la autoridad a que apuntaba Márquez y que, desgraciadamente para él el primero, se truncó con su caída. No hay nada más allá de esto.

La vida sigue. Y el motociclismo con ella. Para lo bueno, y pese a lo malo; que también.

Pero el accidente de Andreas Pérez, su trascendencia, lo relativiza todo y tiñe de tristeza la carrera de este fin de semana.

Los responsables del Circuit han hecho todo lo humana y técnicamente posible para mejorar la seguridad de una pista que, en este aspecto, tiene un nivel por encima de la media, aunque el infortunio es inevitable.

La victoria de Jorge hace que el interés de esta carrera no sólo esté en la pista. Su adiós a Ducati y su fichaje por Honda han generado un efecto dominó revolucionario.

El mejor homenaje a este deporte y a sus héroes es aparcar los egos y disfrutar del espectáculo que nos ofrece.  Con lo mucho de bueno que tiene.