De los peligros de Austria al lío de Ducati

22-08-2020

Valentino Rossi lleva veinticinco años en el mundial de motociclismo. Imagínense la de ruedas de prensa y entrevistas que habrá hecho en este tiempo. En todas siempre hubo un denominador común: su sonrisa, bromas y simpatía. Caerá mejor o peor, parecerá natural o impostado, pero esta actitud siempre estuvo allí. Menos el pasado domingo.

Tras la extrañísima carrera del Red Bull Ring, el de Tavullia apareció con un semblante especialmente severo: “lo que ha pasado hoy ha sido muy peligroso, especialmente para Maverick y para mi”, espetó el italiano en referencia al accidente que tuvieron Zarco y Morbidelli, que calificó al francés de “asesino”.

No es la primera vez que el galo se ve involucrado en algún tipo de gresca en la pista y, culpable o no, el caso es que siempre que hay una escaramuza está inmerso en el fregado. La insistencia, por la trascendencia de lo que hay en juego: la vida, empieza a ser preocupante, por lo que era de lógica que este piloto que cae tan bien (fuera del paddock)  debía recibir algo más que una advertencia, una vez recuperado de esa lesión en el escafoides que le ha obligado a pasar por el quirófano.

El choque en la peliaguda curva 3 (donde en el GP de Austria de F1 de 2002 el Sauber de Nick Heidfeld voló sobre el Jordan de Takuma Sato) puso en evidencia que el circuito de Spielberg debe ser revisado profundamente para seguir acogiendo carreras de motos. Su trazado está bien para la F1, pero presenta unos niveles de seguridad para las motos que no se ajustan a lo exigible. Y este fin de semana vuelve a estar bajo la lupa.

La espeluznante imagen de las motos accidentadas volando como misiles entre Viñales y Rossi dejó en un segundo plano la merecidísima victoria de Andrea Dovizioso. El italiano ganó en este escenario por tercera vez para decorar su adiós a Ducati, comunicado el día anterior. Fue la victoria número 50 de un equipo cuya situación clama al cielo.

Cómo sería el estado de conciencia de los de Borgo Panigale que ninguno de sus principales responsables quiso acompañar al de Forli en el podio para recoger el trofeo. ¿Culpabilidad, o miedo al ridículo?

Visto lo visto, si quieren que alguien gane con sus motos lo que tienen que hacer es despedirle el día antes. Lo vimos en 2018 con Lorenzo (el fichaje más caro de la historia de esta formación) que, como un Coutinho cualquiera, empezó a ganar cuando le dijeron que no iban a contar con él para el año siguiente. Y ahora con Dovi, que se va un minuto antes de que le echen.

Siempre se ha dicho que la Desmosedici es especial. Pilotos como el mallorquín, Rossi, o Hayden sufrieron con ella. Sólo Casey Stoner logró triunfar vestido de rojo con el título en 2007, victorias puntuales al margen. Algo parecido a lo que pasa con la Honda de Márquez. Pero tal vez el problema no esté en la moto sino en quienes gestionan actualmente Ducati Corse.

Dovi ha vivido un desprecio como en su día lo sintió Lorenzo. Ficharon prematuramente a Miller, han ninguneado a Andrea y ahora no saben cómo cubrir su plaza, ya que el hipotético regreso de Jorge -que parecía cantado la semana pasada- se va diluyendo a cada instante.

Ducati no cree en el vivero que podría ser Pramac, su equipo satélite. Lo que han tardado en incorporar a Miller, o lo que esperaron para “ascender” de la cantera al primer equipo a Ianonne o Petrucci lo demuestra. La teoría sólo se rompería si ahora firmaran al lesionado “Pecco” Bagnaia…
Para aderezar el sainete algunas teorías no descartan un hipotético regreso de ¡Valentino Rossi! Acabar su carrera con una moto italiana sería muy bonito. Y difícil.

Si el puzzle se completa, la plaza que parece que el Doctor iba a ocupar en el Petronas Yamaha podría ser para… Lorenzo. A este paso ya veo a Salvador Cañellas volviendo a las carreras de motos.